jueves, 5 de mayo de 2011

Era “llena de gracia”, como el Avemaría

Ojos café, tan inmensos como todo aquello que sin sentir, sin querer, se nos fue impregnando de ella cada día y aunque inhabilmente pirateado el titulo es por demás adecuado pues:

"Era llena de gracia, como el Avemaría;
 ¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!"
 
Despierto y la escucho cantar, siempre cantaba (un rasgo que compartimos hasta la fecha), mientras pasaba el tiempo en la cocina fregando pisos de madera y cemento, convirtiendo un cuarto de vecindad en un hogar.

Su vestido verde limón, las idas y vueltas al mercado, y los encuentros inevitables con el fotógrafo siguen resonando en mi mente. Todos, sin excepción (espero no equivocarme) tuvimos el privilegio de inmortalizar nuestra niñez en el mercado; el pelos necio de Marco, la "uy uy uy" de Maru (con una falda de cuadritos) Queta, nuestra inefable Queta con sus ojos de esperanza, el casi perfecto Cheque con un pastel que siempre sospeché que era de cartón, Noris con su camisa azul y roja y por supuesto, Mayes cargado en los brazos de Rosita. Así la vi, y entonces conocí a Rosa María, "la mamá".

Otro día me senté a la mesa y la vi multiplicando las albóndigas, las tortas de papa, metiendo la mano en los platos de todos, probablemente porque así completaba su ración, o convirtiendo una mesa en como dice la canción que tanto nos gusta, "una iglesia que se llamaba comedor", mientras hablaba siempre de lo increíble que era tener por jefe de familia a Don Ezequiel. 
¡Carajo, qué envidia! Por eso sé que el amor no es tal si no contiene una gran dosis de admiración; lo demás son pendejadas. Así la recuerdo, y entonces, conocí a la constructora de clanes.

Crecí y me enseñó cómo quieren ser tratadas las mujeres, me dio todos los medios a su alcance para, en lo posible ser un caballero y anteponer lo que ellas quieren a lo que uno desea. Maquiavélica Rosita, era como su revancha ante cómo había vivido, y entonces conocí a la estratega.

Afanadora, fotógrafa, mecanógrafa, vendedora, lectora de cartas, cantante (sobre todo cantante), asistente, gestora. Una mujer moderna cuando aún no se inventaban. Así la vi y así la recuerdo. Entonces conocí a Rosita, la indomable.

Compartía la casa con jóvenes y ancianos sin lugar ni familia, solo por ayudar. Algunos fines de año nos enojábamos por no alcanzar uvas, porque tenían prioridad las visitas, que dicho sea de paso, eran un madrero. 
Y entonces conocí a la Rosita con corazón de zaguán.

Noches de bohemia con mis amigos, tocando, cantando, bebiendo, y ella siempre ahí. Aún tengo en el recuerdo el aroma de los "Alas", "Baronet" y "Delicados" que solía fumar, y los cuales me quitaba para deshacerlos en una pipa, solo para hacerme el interesante. Nunca terminaban las noches sin una cena de frijoles refritos para los aspirantes a bohemios. 
Me vio caer rendido de amor consolándome cuando más dolía, cumplimos el sueño de Bellas Artes juntos con el corazón agolpado, con la emoción rebosándonos del alma. Éramos un pinche manojo de nervios y yo tenía unas ganas de orinarme del miedo pero ver sus ojos sobre mí compensaba todo eso y más. 
Así la viví, y así la recuerdo. Entonces conocí el orgullo y a Rosita, mi eterna cómplice.

Como todo lo bueno, se apagó, se opacó, primero la luz de sus ojos, después la fuerza de sus pies. La vimos consumirse en una cama de hospital, donde solo despertó para despedirse de mi padre. Así la viví, y aún la vivo, y entonces conocí a Rosa María, la, a pesar de todo, entrañable y amantísima mujer de mi padre por decisión propia.

Apenas ayer, después de una plática en la que les hablé de ella a mis alumnas, me di cuenta de que siempre la lloré mal por lo que me había arrebatado al largarse así, ¡carajo! pero hoy, hoy me doy la oportunidad de llorarla por lo que me dio, por lo que dejó en mí, y lo que me construyó cada día que estuvimos juntos.

Hoy puedo, no sin dolor, pero con ese dejo de amor y de nostalgia recordarla llegando del camión cargando un montón de bolsas de Tupperware más grandes que ella misma, con sus anteojos fotogray y su inseparable binomio de cigarro y taza de café, trabajando en pos de un auto que nunca llegó.

¡Carajo, Rosa, cómo me hacen falta tus leperadas, tus madrazos y tus ojos tiernos de "tú puedes, Mayes, tú puedes"! ¡Cómo me haces falta, carajo! Aún ahora sigo yendo a dormir esperando escucharte gritar "¡cabrón, ayúdame a cambiarme!" o el "¡hijoooo de la chingada, que no oyes a tus amigotes!".

Me haces falta, vieja. Me haces un chingo de falta.

Esa, esa que les presenté, esa era mi "Jefa" y...

"Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vió no lo pudo olvidar!

4 comentarios:

  1. OMG realmente hermoso!!! lastima ke no puede ver las lagrimas que brotan de mis ojos... comprendo de donde viene ese gran hombre, ahora conosco un poco mas de ud y lo admiro muchisimo mas, pero admiro y aplaudo con mayor fuerza a su mama pues de esa gran mujer viene esa gran persona que es ud!!!

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  2. Shinymarblebeautybutterfly gracias por pasar!!

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  3. Esto esta pocamadre carnal, te amo. Noris

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  4. que hermoso...mi otro.....como siempre haciendome llorar....que diria ella de tus penas actuales? seguro seria un muy buen cnsejo.

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Mientame la madre, proyectate o lo que sea, pero deja algo que me retroalimente