Cuando llega el día internacional de la mujer, este estepario alucina en torno a lo increíblemente afortunado que es, ya que sin duda alguna me reconozco como resultado de la acertada influencia de estos seres en cada uno de las partes de mi desarrollo como ser humano. La más grande ya la he relatado en otros cuentitos, es la de la constructora de clanes, la cantante y experta economista empírica, mi jefa Doña Rosita.
Luego mis hermanas, desde la típica: “no se metan con él” (porque yo soy la única que puede), la que a madrazos me llevó a entender que la vida sin sentido es estéril o la que se avienta un tiro con lo inevitable. Ellas son las responsables de mis excelentes relaciones con los seres humanos del género femenino, son las que sembraron en mi el gusto, el respeto y el reconocimiento que les profeso.
Después durante mi adolescencia, la vida me obsequia con aquellas que me confortaron, me sufrieron, me enseñaron y aprendieron. Aquellas que le permitieron al chamaco lleno de acné descubrir que “el amor es un perro infernal” pero vale la pena.
Un chispazo, y me hacen hombre y papá.
Encuentro mi vocación y de nuevo el género femenino me arropa y me conforta; en medio de una crisis mi jefa Gaby me permite retomar la aventura de la docencia confiando y sufriendo mis arrebatos y mi didáctica (me esfuerzo todos los días en convencerme de que mis diarreas cerebrales lo son). Agraciadamente en el día a día, mis compañeras me hacen mejor ser humano y mucho mejor docente. Regalado me comparte las formas de compartir y el gusto de investigar, Águila me hace envidiar rabiosamente la capacidad del género femenino para sistematizar y organizar, Cris me sufre y me quiere, se asume con el costo que conlleva, como la mejor amiga de este loco y me comparte su andar y el de sus hijos, Liz me regala la mesura del buen convivir, la muestra de como las mujeres jóvenes tendrían que escribir su historia, Mirinda me regala su compañía, afecto y el saber que las personas pueden ser aquella que quieren y no la que pueden, la magia de la reingeniería personal.
Son en suma (porque no acabaría nunca) increíbles ejemplos de vida, trabajadoras incansables 1, 2, 3, 4, trabajos (remunerados) madres chingonsísimas capaces de aventar al mundo cuates como el “Rodo”, caballeros como “Juan-pa”, Mateo, niñas sensibles y buenas como Astrid y China y los Chinitos.
Soldados macizos y cabrones que se avientan tiros derechos contra el cáncer, hijas devotas que devuelven afanosas la atención y cuidados que recibieron, que terminan de trabajar y siguen con más trabajo, y todas excelentes reinas y devotas jefas.
Luego, para rematar, las caguengues que reciben mis diarreas cerebrales, las que tienen vidas felices y las que no, aquellas que luchan tooodos los días contra sus jefas que educan machos, que se enfrentan a una sociedad donde las mujeres piensan diferente, pero educan a sus hijos varones de la misma y retrógrada manera. Esas que con el paso del tiempo se convierten en mis colegas o las que le hacen a uno sentir orgullo de verles destacando en el contexto profesional. Todo lo anterior me lleva a reflexionar no solo sobre lo maravilloso que ha sido compartir mi vida con los seres humanos del género femenino, sino cuantas veces he discrepado con ellas, cuantas veces mis acciones han tenido como resultado, un mal momento o alguna lágrima por mi causa o culpa.
Parafraseando a una de ellas “¿Qué es lo que me hicieron para obtener esos resultados de mi parte?” Por eso, ojalá que un día, cuando sepamos que la tolerancia es inútil cuando el respeto impera, de todo corazón.....
Espero que un día, no haga falta un día.
Me encanto, ojalá y siempre siga escribiendo.
ResponderEliminarmuy bello y sentido, como el reflejo de vida que transmites gracias isma de mi corazón, por ser y estar, te veo feliz y eso me gusta, cris
ResponderEliminarYa hace falta leerte!
ResponderEliminarYa hace falta leerte!
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